8 de abril de 2011

OBRA ORIGINAL - Amor a la vida

Heme aquí de nuevo, sin demasiado que contar y las ideas bullendo y circulando en mi cabeza a velocidades supersónicas.

En la última entrada hablaba de mi experiencia personal como -intento de- escritora amateur, y el hecho de tener que recordar y nombrar piezas concretas de mi muestrario me hizo volver a echar un vistazo a todo el pasado. He comprobado con alegría que he mejorado mi estilo en algunos aspectos, aunque sigo teniendo vicios muy evidentes y -aparentemente- difíciles de corregir.

El caso es que buscando entre mis archivos, sufrí un breve momento de ansiedad pensando que había perdido el documento de "Amor a la vida" y, puesto que la única copia física que presenté se la quedó la organización del concurso, perder el archivo digital suponía perder la carta para siempre. Luego recordé que la revista del instituto, donde se publicó dicha carta, todavía debe andar rondando por casa de mis padres, así que la ansiedad se redujo hasta cierto punto.

Tsk... odio esforzarme por mantener una organización metódica -casi rallando el TOC- en mis cosas para luego notar que falta algo.

En fin, a lo que venía. Al final la carta estaba guardada en un CD con copia de seguridad de archivos que no quería eliminar pero quería sacar de la memoria del portátil (por lo que pueda pasar). Y es algo que realmente me apetece compartir con el mundo, porque guardo recuedos muy gratos del momento de redacción, entrega y victoria con ella.

El momento de redacción porque fue, creo, la primera vez en que realmente me esforcé en tratar de definir al milímetro con palabras lo que sentía y quería transmitir. Buscando opiniones objetivas y variadas, recurrí a varios lectores de pruebas y la mayoría me dijo que nunca se había imaginado que yo tuviera pensamientos tan profundos.

El momento de entrega porque nunca olvidaré la amplísima sonrisa de mi profesor cuando le echó un vistazo por encima y me dijo que me deseaba muchísima suerte.

El momento de la victoria... porque se trataba de un jurado popular -compuesto por estudiantes, excluyendo al profesorado- y eso significaba que mis semejantes admiraban algo en lo que yo había puesto un pedacito de mí misma.

N/A: Esta carta fue redactada en el año 2003 para el certamen Cartas de Amor: Tirante y Carmesina celebrada por mi instituto como actividad especial aunando San Valentín y el pasado San Dionisio (patrón de los enamorados en mi Comunidad Autónoma, celebrado el 9 de Octubre) dado que las fechas impidieron celebrarlo en semana lectiva. Obtuvo el primer premio otorgado por un jurado compuesto por estudiantes de Bachillerato

Amor, amar... sentir. Sentimientos sin sentido, sensaciones llenas de miles de fotografías mentales que permiten llenar el alma de tranquilidad, paz y mariposas volando en el corazón. El amor romántico esa así: sentimientos que te llevan a sentir los latidos del corazón de otra persona.

Pero de todos los amores que podemos sentir, el amor a la vida es el menos poetizado, y tal vez es el más importante. Apreciar la vida es vital, es necesario... y poco valorado. Nosotros, simples mortales, no sabemos apreciar el ritmo lleno de vida que nos trae un corazón latiendo hasta llegar al límite dónde se pude sentir como el aliento casi no puede ni entrar ni salir de los pulmones. Un instante que lleva a toda nuestra vida a recorrer nuestra mente como una películas, que hace flotar los momentos más importantes como corcho en el oscuro corazón de una furiosa tormenta. Y en el mismo momento, en el último momento, nos damos cuenta de que la vida es un preciado regalo que no hemos aprovechado. Rogamos por que el corazón no deje de hacernos llegar su ritmo, por que el aire vuelva a nuestros pulmones, por sentir cómo la sangre vuelve a circular, cómo la sensibilidad vuelve a nuestra piel... Y cuando la vida, maravillosa oportunidad de compartir, conocer y almacenar recuerdos, nos da una segunda oportunidad, nuestro corazón llora, pero late con fuerza, porque es la única manera que tiene de agradecer y demostrar que esta segunda oportunidad no será desaprovechada.

¿Es que sólo damos gracias por vivir cuando la muerte está cerca? Amar la vida es una oportunidad que no nos podemos permitir desaprovechar. Y mientras unos ruegan por seguir viviendo, otros desaprovechan su tiempo en situaciones que tientan a la muerte. Y cuando la mayoría llora por tener que decir adiós porque la muerte nos visita, una minoría acecha en la sombra, esperando para atacar por la espalda, porque no respetan ni su propia vida y quieren llevarse la del resto con ellos; y dejan lo que antes era una persona como un muñón sin nombre ni aliento ni latidos de corazón vivo.

Esto no es crítica, sino reflexión, que la vida es corta y nunca es demasiado tarde para amar el momento que se nos ha dado.

Visto con el paso del tiempo, creo que mantendría el mensaje y las palabras, cuidando un poco más la puntuación y la estructura. Pero son cosas que he ido aprendiendo con los años y que me han ayudado a evolucionar, así que no me lo tendré demasiado en cuenta. ;P

~Nela